500 historias en papel higiénico

– José Miguel Alonso Rodrigo –


El papel continuo, ¡qué invento! Extraído de las maderas más nobles, ha sido uno de los instrumentos de aprendizaje más atractivos en las escuelas y colegios del mundo entero.

Qué felicidad cuando la maestra sacaba del fondo del armario aquellos gigantescos rollos marrones y las cajitas de pinturas de colores. Toda una experiencia artística a nuestra disposición. Ahora el mini artista que llevo dentro me pide contaros un taller creativo divertido y repleto de recuerdos con un famoso “papel continuo”. ¿Adivinas de qué hablo?

500 historias en papel higiénico

Ayer estuve leyendo un artículo de un escritor japonés que se ha reinventado y se ha puesto a publicar sus novelas de terror en este papel continuo tan famoso. Ese sedoso amigo de doble cara que nos acompaña incansable en el retrete, puede tener otros usos más especiales que para el que fue fabricado. ¡¡Claro que sí!!

Y para que os voy a mentir, me da por pensar en estos sitios. Están todos en blanco, y siempre me surgen las mejores ideas para darle color al excusado, por no seguir siendo tan explícito.  Y es, en este afán por darle vida a este espacio aséptico y frío, donde se me ocurrió ir dejando historias en papel higiénico, mensajes motivacionales o viñetas de cómic, buscándole algo de diversión.

Esto no es nuevo, ya venden hace años sudokus impresos en papel sanitario, pero el concepto de sorpresa que crean no es el mismo, ¿no os parece?

Los rollos de papel higiénico tienen alrededor de 500 hojitas. Si señooor, naada más y naaaada menos. Porque yo lo busqué, pero otro tío los contó. ¡La gente está loca, que se le pasaría por la cabeza!

500 pedacitos que podemos hacer más divertidos con guiños, frases, dibujos o números, y hacerlos más maravillosos si nos preocupamos de no escribir en todos ellos.

Alíate con tu hij@, y escríbele un “Te queremos, aunque huela mal” a papá en la mitad del rollo. A ver quién se atreve a deshacer medio rollo para tener este bonito detalle. Escríbele  un cuento o novela gráfica a tu pequeño, o juguemos a hacer matemáticas escribiendo sumas y restas, así nunca usará más de lo necesario y además aprenderán. Hay mil historias en papel higiénico esperando ser contadas.

Pero por favor, un poco de consenso, no más de 20 o 30 pedacitos de historia o juego por rollo de papel higiénico. El medio ambiente os lo agradecerá.

Pero el mejor juego de todos, solo para los más pequeños de la casa (tapaos ojos y oídos, papás), es este: Escondeos en un armario o bajo la cama con una montón de lapiceros de colores y un rollo de papel higiénico, en silencio. Que nadie sepa qué hacéis, y escribidles a papá y mamá qué queréis comer, dónde queréis que os lleven -para que no se olviden- o pedidles que os enseñen a conducir un elefante. Cuanto más alocado sea vuestro deseo, más divertido será.

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